Este es un relato corto que, con cierta inspiración (¿?), redacté en mis tiempos de doctorando en Derecho Penal.
Ahora, mirando hacia atrás (más de tres quinquenios…) y sin pretender ser un literato –ni tampoco un “intelectual”: si existen, no son precisamente los que así se autodenominan–, etcétera (léase: Algo tengo que escribir en mi “Blog”), he osado incluirlo aquí. :-/

El maestro que no era doctor

–¡Magister!, ¡Magister! –gritaba el aprendiz mientras entraba corriendo en la sala iluminada de la biblioteca en la que el Venerabilis Inceptor acostumbraba a realizar sus lecturas matutinas.
La abrupta irrupción del impetuoso joven truncó el estado de ensoñación en el que en ese momento se encontraba mientras releía los magníficos Principia Iuris Criminales del Doctor eximius. Superado el sobresalto incicial, cerró el libro, levantó la vista y dirigió una mirada cargada de disgusto hacia el joven que ya se encontraba junto a su mesa de trabajo.
–No deberías… –empezó a decir con intención de reconvenir al joven aprendiz, cuando aquél, sin dejarle acabar, le espetó.
–¡He oído!… He oído que…
–¿Qué has oído esta vez? –preguntó el Venerabilis Inceptor, desistiendo de su idea inicial de regañar al joven, al ver su desasosiego.
–Verá magister –comenzó a explicar el joven tras mil disculpas– al acabar la clase de metodología de la ciencia, me he sumado a un corro formado por los doctores stultus, infimus y opacus, en el que éstos parecían proseguir el debate de las cuestiones que anteriormente se habían suscitado. La conversación versaba sobre el papel que habían tenido las escuelas en la evolución histórica del Saber.
El Venerabilis Inceptor lo miró fijamente y le dijo:
–¿Y que tiene eso de particular?
–Hasta ese momento nada. Pero luego la conversación ha derivado cuando los doctores infimus y stultus han empezado a hablar del rol actual de los maestros. Ambos criticaban que siguieran existiendo. Mas bien se reían de ellos, debo decir. Y con suma autosuficiencia. –El Venerabilis Inceptor, mientras, se frotaba la barba tratando de averiguar que era lo que realmente preocupaba al joven.
–Magister, es que yo… Es que como yo … –El joven aprendiz intentaba articular palabra, pero éstas se le trababan. Dándole tiempo, le preguntó de nuevo.
–¿Y bien?
–Es que yo no he podido evitar introducirme en la conversación y decirles que me consideraba tu discípulo –dijo finalmente.
–Y han continuado riéndose, ¿No es así? –aventuró el Venerabilis Inceptor.
–¿Cómo…? ¿Cómo lo sabes? –le dijo el aprendiz mientras lo miraba con cara de sorpresa.
–!Joven!, a veces no hace falta estar en un lugar para saber lo que en él se ha dicho –le dijo, al tiempo que añadía, como para zanjar la cuestión: y, además, no deberías creer todo lo que oyes…–Dicho esto, hizo ademán de volver a sus lecturas.
–Ya, pero magister, los doctores stultus, infimus y opacus son considerados hombre sabios…
Y acto seguido añadió:
–Y yo no supe que decir … ¡Es que no supe que decir! –dijo alzando la voz para tratar de ganar de nuevo la atención del Venerabilis Inceptor.
–¿Qué decir de qué?. Veamos, ¿qué es lo que realmente te preocupa?
–Es que Magister, después me preguntaron irónicamente que qué era lo que debía entenderse por maestro y que qué era lo que debía entenderse por discípulo, cuando yo me consideraba tal de alguien que ni siquiera era doctor.
–¿Y tú qué les contestaste? –preguntó el Venerabilis Inceptor, sin alteración perceptible alguna, como si la cosa no fuera con él.
–No supe qué contestar magister –le dijo el aprendiz, sin apenas voz, mientras inclinaba la cabeza para ocultar su rostro.
–Ya veo. Ya veo… Y eso es precisamente lo que te preocupa. ¡Qué no supiste contestar!
–Sí –reconoció el joven con cierto rubor.
–Y, ahora, quieres que yo te diga…
–¡Exacto! –lo interrumpió nuevamente..
–Muy bien, ¡empecemos! Pero escucha atentamente, que esta mañana, y a destiempo, ya me has entretenido demasiado –le dijo mirándolo amenazadoramente.
Dicho esto, el Venerabilis Inceptor se levantó de su silla de trabajo, dio un par de vueltas a la mesa a paso lento mientras pensaba cabizbajo y, finalmente, encaró el asunto:
–Mira, aunque son muchas las opiniones doctas que al respecto se han vertido, a mi juicio, Discípulo es… todo aquél que aprende de un Maestro y Maestro es… todo aquél que enseña a un Discípulo. Luego no merecen estos nombres, ni aquellos que no muestran capacidad alguna para «aprender» de «cualquier persona que pueda enseñar»; ni aquellos que no muestran capacidad alguna para «enseñar» a aquéllos que muestran capacidad para «aprender» –y dicho esto se dirigió de nuevo a su mesa de trabajo.
–Ya entiendo… –dijo el aprendiz tras meditar breves instantes sobre las palabras del Magister (cosa que éste percibió).
–Y bien, ¿Qué es lo que has entendido? –preguntó el Venerabilis Inceptor al aprendiz, tratando de averiguar la eficacia de sus palabras.
–Que no parece que des mucha importancia al hecho de que se sea o no Doctor para ser Maestro… ¿No es así? –dijo el aprendiz dirigiéndole la mirada.
–Así es –asintió complacido.
–Y que no consideráis Discípulo a toda la gama de múltiples y variopintas especies de patrocinados por interés, ni a los rapsodas o fideicomisarios de la doctrina ajena, ni a los guardias de “corps”, ni a los lacayos aduladores, serviles y zalameros cuyo único mérito reside en lisonjear a su amo, ni tampoco a los aburridos tonadilleros de repertorio científico invariable que adornan el mundo actual –Añadió el aprendiz con su natural descaro juvenil.
–Veo que mi joven aprendiz va entendiendo… –sentenció el Venerabilis Inceptor con una media sonrisa, al tiempo que volvía a tomar los Principia Iuris Criminalis.
–Mas, ¡Cuida tu lengua!, hijo, !Cuida tu lengua! –Y continuó con su lectura matinal.

Guillermo de Occam (1298-ca, 1349) era llamado Venerabilis Inceptor (Venerable Principiante) a causa de no haber enseñado como doctor. Y, también, era franciscano.

O, al menos, eso se dice acerca de si era o no realmente doctor…

One Comment

  1. Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem.
    (also known as Occam’s razor)

    Do not assume more variables than necessary.
    Also quoted as “Entities should not be multiplied beyond necessity” or “It is vain to do with more that which can be done with less”.

    Admirable…


Post a Comment

*
*